A todas las conciencias y a los responsables: privar a los niños de ver a su padre tras el divorcio es un crimen silencioso. Cinco peticiones concretas de la asociación.
A todas las conciencias vivas, a quienes se preocupan por el futuro de este país, a cada responsable y actor de los ámbitos de los derechos humanos, lo social y el derecho, a quienes toman decisiones y a todos los que se ocupan de la familia y la infancia, dirigimos este llamamiento urgente:
Privar a los niños de ver a su padre tras el divorcio es un crimen silencioso que destruye la psique del niño y lo priva de su derecho natural al amor y a la seguridad. El vínculo con el padre no es una opción: es un derecho fundamental del niño, y no hay custodia justa sin un contacto equilibrado con ambos progenitores.
La privación del padre tras el divorcio se ha convertido en un fenómeno recurrente y preocupante, que no solo perjudica al padre, sino que golpea el corazón del desarrollo psicológico y social del niño, amenaza su estabilidad afectiva y su equilibrio, y deja cicatrices a veces indelebles. ¿Cómo educar a una generación equilibrada e invocar el interés superior del niño callando ante su separación injustificada de uno de sus padres?
Pedimos con firmeza
- consagrar la custodia compartida como regla general, y no como excepción;
- garantizar al niño un contacto regular y directo con su padre como con su madre;
- sancionar todo comportamiento o incitación destinado a romper el vínculo entre el niño y uno de sus padres;
- activar los mecanismos de acompañamiento psicológico y de mediación familiar para proteger a los niños de los conflictos;
- emprender una revisión completa de las leyes nacionales en coherencia con la Convención sobre los Derechos del Niño ratificada por Marruecos, que consagra claramente la responsabilidad común y el derecho del niño al contacto con sus dos padres y al mantenimiento de sus relaciones familiares.
Este llamamiento no es solo un llamamiento a hacer justicia a los padres: es un llamamiento por la infancia, por la justicia, la dignidad y el equilibrio familiar, por una sociedad sana cuyos hijos no lleven las cicatrices de leyes mudas o de aplicaciones injustas. ¿Ha llegado el momento de poner fin a esta injusticia? ¿De hacer justicia a esos pequeños corazones que necesitan a su padre tanto como a su madre? La respuesta está en sus manos, y la conciencia no se equivoca de camino. Basta de injusticia contra los niños… basta de exclusión de los padres. El interés superior del niño empieza por la justicia.